Managing ODS destruction: How Thailand leveraged partnership
2 Marzo 2026
Por Youssef Souissi, Director responsable de halocarbonos internacionales, TradewaterProductos químicos peligrosos permanecían silenciosos a la espera en toda Tailandia
En 2022, la Aduana de Tailandia llevaba acumulados más de 10.000 cilindros de gas que contenían sustancias químicas prohibidas tan peligrosas que, de haberse liberado, podrían haber causado un daño climático similar a más de 1,1 millones de toneladas de dióxido de carbono, lo que equivale a las emisiones anuales de casi 240.000 automóviles de gasolina. Gracias a una colaboración público-privada, esos gases nunca llegaron a la atmósfera y se destruyeron de forma segura y permanente. Esta es la historia de cómo un decomiso en la frontera se convirtió en un modelo de cooperación medioambiental.
Una amenaza oculta en docenas de depósitos

Estos productos químicos, conocidos como sustancias que agotan la capa de ozono (SAO), se utilizaban antiguamente de forma habitual en frigoríficos, aires acondicionados y extintores. Sustancias como los clorofluorocarbonos son miles de veces más dañinas que el dióxido de carbono en lo que respecta a la retención de calor en la atmósfera. También dañan la capa de ozono, una amenaza que llevó a la comunidad internacional a prohibirlas al adoptar el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono.
No obstante, a pesar de su prohibición, las SAO continuaron cruzando las fronteras de forma ilegal. Así pues, para la Aduana tailandesa, la interceptación de estos envíos se convirtió en una parte esencial de la misión de protección del medio ambiente.
A lo largo de los años, los funcionarios de aduanas de Tailandia habían incautado y almacenado más de 10.000 cilindros de refrigerantes prohibidos. Al no existir ninguna ley, norma o reglamento que exigiera la destrucción de las SAO, los cilindros se almacenaron en docenas de depósitos y almacenes en todo el país, ocupando el espacio necesario para otros bienes incautados y filtrándose lentamente a la atmósfera.
El Departamento de Obras Industriales (DIW) de Tailandia, responsable de la gestión de los productos químicos contemplados en el Protocolo de Montreal, no disponía de fondos para eliminar los cilindros utilizando las tecnologías de destrucción aprobadas por el Protocolo.
Establecimiento de una colaboración tripartita
Tras buscar formas de eliminar las SAO sin incurrir en gastos, el DIW recurrió a Tradewater. Se trata de una empresa surgida en Estados Unidos en 2013, cuando se puso en marcha el programa de limitación y comercio de derechos de emisión en California. Este programa tiene como objetivo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) estableciendo un límite firme para las emisiones de GEI de las principales fuentes en todo el estado. Cada entidad cubierta por el programa debe entregar un permiso de emisión por cada tonelada de GEI que emita. También puede comprar derechos de emisión adicionales en subasta, adquirir los derechos de emisión de otras entidades o comprar créditos compensatorios.
Tim Brown, cofundador de Tradewater, observó que la destrucción de las SAO se podía considerar un proyecto de compensación, ya que permitía reducir las emisiones y generar créditos compensatorios. También se dio cuenta de que estos gases aún se podían comprar en eBay. Tras almacenarlos por doquier en el sótano de su casa, se dedicó a buscar la forma de destruir dichos gases de forma segura y eficiente. Gabe Plotkin se incorporó enseguida a este proyecto, y Tradewater nació oficialmente en 2016. Tim y Gabe se impusieron como objetivo resolver algunos de los problemas climáticos más espinosos al tratar de encontrar gases industriales supercontaminantes olvidados o comercialmente inviables para transformarlos en créditos compensatorios de carbono y poder así financiar trabajos futuros.

Dado que Tradewater contaba con diez años de experiencia en proyectos similares de destrucción de refrigerantes en todo el mundo, la Aduana de Tailandia podía confiar en que dichos gases serían destruidos de forma adecuada y permanente. En Tailandia, Tradewater se asoció con Waste Management Siam (WMS), que opera una planta de incineración certificada.
Las tres organizaciones concertaron así un acuerdo tripartito, en virtud del cual la Aduana de Tailandia transfirió la propiedad de los cilindros incautados y sus características medioambientales a Tradewater, a través de WMS. Como operador de destrucción autorizado, WMS gestionó el inventario in situ, la reagrupación en contenedores cisterna ISO y la incineración respetuosa con el medio ambiente. Tradewater proporcionó la supervisión técnica y financió las operaciones.
El proyecto se inició a finales de 2022. Durante los meses siguientes, equipos multidisciplinares visitaron 12 emplazamientos en todo el país para recoger, analizar y preparar los cilindros incautados, más de 10.000 en total. Se pesaron y tomaron muestras de cada uno de ellos para después manipularlos de acuerdo con las normas internacionales de seguridad y destrucción.

En las instalaciones de WMS, los gases se incineraron bajo un control continuo de las emisiones, logrando una eficiencia de destrucción superior al 99,99 %, es decir, el índice de referencia establecido por el Protocolo de Montreal. Las dos primeras fases del proyecto, completadas a principios de este año, culminaron con la destrucción de más de 120.000 kilogramos de refrigerantes de alto impacto, y se han previsto fases adicionales.
Un modelo para el mundo
Verificadores independientes externos confirmaron que se habían evitado de forma permanente más de 1,1 millones de toneladas de emisiones equivalentes de CO₂, lo que supone uno de los mayores esfuerzos de destrucción de refrigerantes realizados hasta la fecha en el sudeste asiático. Tradewater financió este trabajo mediante la venta de los créditos compensatorios de carbono resultantes en el mercado voluntario de carbono.
El éxito de esta iniciativa se debe a la rápida actuación de la Aduana de Tailandia. Su aplicación de la ley y la gestión segura de las existencias incautadas evitaron años de posibles fugas, lo que permitió aplicar una solución permanente de gran repercusión.
«Elogiamos la diligencia del gobierno tailandés y de las partes interesadas locales, así como su estrecha colaboración, para poner en marcha este importantísimo proyecto», afirma María José Gutiérrez Murray, directora sénior de Programas Internacionales de Tradewater. «Estamos trabajando para desarrollar relaciones similares con otras partes interesadas afines en todo el mundo»
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